4 de junio de 2010
QUE ME HÁ DADO CARACAS Entrega de documentos
3 de junio de 2010
QUE ME HÁ DADO CARACAS Mi primer recorrido
2 de junio de 2010
QUE ME HÁ DADO CARACAS La llegada
1 de junio de 2010
QUE ME HÁ DADO CARACAS Viaje hacia La Guaira
A los pocos días los supervisores se enteraron que yo no solo sabía leer y escribir, como sucedía con la mayoría de los obreros, sino que tenía el 6ª grado aprobado y por eso, me cambiaron a otro departamento, donde mi rendimiento aumentó y hasta me dieron un incremento de sueldo.
En ningún momento desmayé en mi propósito de ingresar a la Escuela Naval para ser un digno oficial de la Marina de Guerra de Venezuela y por supuesto, tenía que venirme a Caracas.
El ambiente en Caripito era acogedor. Ya tenía vivienda, asistía al Club de la Compañía, me vinculé con la comunidad, tanto del Campo como del pueblo, participando en actividades sociales y culturales.
Cuando leí en la prensa el aviso llamando a la inscripción en la Escuela Naval, hablé con el Superintendente de la Empresa y le hice conocer mis propósitos y la necesidad de renunciar al cargo. Me felicitó por mi decisión y aceptó la renuncia, ordenando mi liquidación. Con mis ahorros y prestaciones sociales, reuní unos Bs. 6.000.oo y preparé mi viaje a Caracas, pasando primero por Río Caribe.
Compré mi pasaje para La Guaira en primera clase, pagando por él, Bs. 59.oo, le dejé Bs. 400.oo a mi mamá y estuve esperando 18 días que regresara “el vapor” “Guayana”, que ya había hecho escala en el puerto y continuado su viaje hasta Ciudad Bolívar, haciendo escala en Guiria, Pedernales, Tucupita y San Félix y que debía regresar en 8 días.
En ese entonces cuando alguien venía para Caracas, la gente que tenía algún familiar en esta ciudad, aprovechaba la ocasión para mandarle paquetes de dulces, chorizos, regalos y todo género de cosas, a dichos familiares; de allí que en esos 18 días de espera me fui llenando de peroles y cachivaches que no me cabían en el equipaje.
Cuando al fín llegó el barco de regreso, empaqué lo que pude y salí lleno de optimismo, en compañía de un grupo de pasajeros, para seguir ese viaje para La Guaira, haciendo sus respectivas escalas, puerto por puerto, donde la nave tenía que embarcar y desembarcar carga y pasajeros. De Río Caribe fuimos a Carúpano, luego a Porlamar, la Salina de Araya, donde estuvimos 5 días cargando sal, seguidamente Guanta y finalmente a La Guaira.
31 de mayo de 2010
QUE ME HÁ DADO CARACAS. Salida de Rio Caribe
Decidí marcharme de Rio Caribe a los 14 años, hacia los campos petroleros, creyendo que con mi sexto grado aprobado y mis deseos de trabajar, encontraría un empleo rápidamente, aunque fuera de office boy, en cualquier Empresa Petrolera, pero no me imaginé lo difícil que se me haría. Fueron seis meses de diligencias fallidas y no pasé hambre, porque estaba alojado en la casa de unos familiares, pero si pasé múltiples sinsabores. Vino por fin un norteamericano, Gerente de la Empresa y me dijo que allí no había posibilidad de trabajo como oficinista, que si por casualidad, había algún movimiento de personal, era para obreros y para optar a un ingreso en esa categoría, debía tener mi libreta de inscripción militar. Yo tenía para entonces apenas 15 años recién cumplidos y era flaco y debilucho, pero con buena estatura.
Le escribí de inmediato a mi amigo el Negro Figueroa, para que me consiguiera en Río Caribe, un justificativo donde constara que yo había nacido el año 1.926 y por supuesto, tenía 18 años y con este documento saqué mi Libreta Militar.
Continué en mis gestiones hasta que logré el ingreso en la Refinería Creole, previa aprobación del examen físico. Un médico recién graduado había determinado que yo tenía anillos inguinales y por lo tanto no podía ingresar a la Empresa. Por medio de un primo hablé con el Dr. Jacinto López, quien era el Jefe del Servicio Médico y estaba casado con Rosita Cardinale, una paisana de Río Caribe. Por su intermedio e intervención personal, me hizo de nuevo el examen médico y determinó que estaba perfectamente de salud y así lo hizo constar en un Informe Médico.
Con esa certificación acudí a la Oficina de Labor de la Empresa y enseguida me dieron la orden de ingreso como obrero raso y el día 19 de Marzo de 1.945, día de San José, comencé a trabajar en la Refinería de Caripito, pico y pala a pleno sol monaguense.
No tenía experiencia en el uso de esos instrumentos, pero poco a poco fui cogiendo el paso con la ayuda de unos magníficos compañeros de trabajo, que me ayudaban y alentaban en la tarea.
28 de mayo de 2010
PERFILES DE RIO CARIBE Perfil - Las ruinas del Alambique.
En una manzana ubicada entre las calles Junín, Anzoátegui y Valdez existía para los años 1.938 y 1945 unas ruinas de un alambique donde, en sus tiempos, se molía caña de azúcar para producir aguardiente y papelón. Poco a poco esa actividad fue decreciendo y ya para mi época de muchacho, la casa central presentaba serios deterioros hasta el punto que el área mayor era utilizada como cancha de béisbol, sitio para elevar papagayos y otros juegos recreativos. En los pasillos exteriores de la casa funcionaban dos talleres de carpintería de ribera y ebanistería, respectivamente.
El taller de ebanistería lo dirigía el señor Jesus Higinio Rondón, un artesano muy reconocido por su habilidad y profesionalismo para la fabricación de muebles, mesas, destiladores, sillas, mecedores y demás muebles del hogar, sin descontar con la necesidad de fabricar urnas cuando las circunstancias lo ameritaba. Era jefe de una familia muy estimada en la localidad y tenía la virtud de incumplir todas las fechas de entrega de los encargos que le hacían. Así muchos matrimonios tuvieron que posponer fechas de bodas, porque los muebles nunca estaban para las fechas ofrecidas. Claro que en el día iba a visitar a Cachón Heredia unas 5 o 6 veces para degustar un gustoso trago de ron.
El taller de carpintería de ribera lo dirigía Juan Campos, un hombre fuerte y de baja estatura que con gran dedicación iba dándole forma a los botes y peñeros que le encargaban. Era una labor extenuante, que comenzaba con el encargo del casco a los proveedores en el campo. Cuando llegaba este casco lo colocaba sobre dos troncos medianos, lo desbastaba y cuadraba para ponerlo a nivel. De acuerdo con las medidas de la nave, coloca a su alrededor unos hilos indicadores de la ubicación de las maderas complementarias. Luego empareja por dentro y por fuera la madera del casco y determina los puntos donde se fijarán las cuadernas, la popa y la proa de la embarcación. Una vez determinados estos puntos, comienza la preparación de la madera que le da formación a la parte exterior de la nave. La parte de la popa tiene que ser de una madera dura y resistente para aguantar los embates del mar. Igualmente la madera de proa. Poco a poco se le va dando forma a la embarcación.
