16 de junio de 2010

QUE ME HA DADO CARACAS Transporte Público de Caracas. I

Cuando llegué a Caracas en Abril de 1.947 estaba en pleno auge el proceso de descentralización de la población del casco central hacia la periferia. Las familias pudientes se trasladaban hacia las urbanizaciones lujosas que entonces se levantaban hacia el Este de la ciudad, dejando el casco central como zona comercial. La clase obrera y marginal, que llegaba en gran volumen del interior del País y aún de países vecinos, obligaba a buscar medios de transporte para esa masa abigarrada de personas que aumentaba diariamente. Ni el tranvía ni el trolebús eran suficientes para le demanda de los habitantes del Centro y antes por el contrario, se les acusaba de ser causa de obstrucción del tráfico y terminaron siendo eliminados el año siguiente.

El servicio de transporte era prestado, por concesión del Municipio, por empresarios particulares que cubrían diferentes rutas, con mediana eficiencia, pero que por lo neurálgico e importante de dicho servicio, se creó una Empresa Oficial que con unidades nuevas, asumió la responsabilidad del transporte de pasajeros comenzó en toda Caracas. Recuerdo que eran autobuses pintados de verde, muy modernos para entonces, que eliminaron los colectores y emplearon un sistema de tickets o cartón de 10 pasajes, que iban perforando los choferes, a medida que se usaban

Para entonces gobernaba el País una Junta de Gobierno presidida por Rómulo Betancourt, producto de un movimiento subversivo de civiles y militares que derrocaron al General Isaías Medina Angarita, el 18 de Octubre de 1.945. Los civiles estaban representados por el Partido Acción Democrática, a quien le tocó un gobierno difícil, ya que el pueblo confrontaba múltiples necesidades y no había suficientes ingresos para afrontarlos, no obstante que se intensificaron las actividades petroleras y se aumentaron los impuestos y participaciones por ese concepto.

Los partidos políticos que hacían vida activa y otros que se crearon, estaban preparándose para realizar sus respectivas campañas electorales para un proceso popular de elección directa que se efectuaría en Diciembre de 1.947 con los candidatos que ya se conocían de Don Rómulo Gallegos por Acción Democrática, Dr. Rafael Caldera por Copei y y el Dr. Gustavo Machado por el Partido Comunista, aparte de otros candidatos folklóricos que se lanzaban sin esperanza de ganar.

Caracas bullía de actividad, de alegría, de gente que buscaba posicionarse. El caraqueño tenía un dejo en el tono de voz que lo identificaba rápidamente e igualmente los marabinos con su sonsonete, los orientales con su hablar veloz y su pronunciación, confundiendo las eles y las erres y los llaneros desenvueltos e igualitarios, más el habla serio y respetuoso de los andinos y los colombianos, dio a los nuevos caraqueños una entonación difícil de reconocer y si se suman los gestos, actitudes y carácter de los españoles de distintas provincias, los portugueses huraños y poco comunicativos y los alegres italianos, que se expresan tanto con las manos como con la lengua, se formó una amalgama de idiomas y surgió uno nuevo que todavía se conoce por sus características especiales

La población seguía aumentando y las familias de escasos recursos se ubicaban en los espacios vacíos, al pie de los cerros y muy pronto se subieron a ellos como si estuvieran reptando hacia arriba. Las viviendas improvisadas se establecían guardando ciertas distancias unas de otras, pero al poco tiempo se densificaban y nacían barrios compactos que crecían cada día más creando graves problemas de servicios y gobernabilidad.

Yo me desenvolvía en el área central dejando pasar el tiempo para que se me diera el tan ansiado ingreso a la Escuela Naval, preparándome al efecto para los exámenes correspondientes y ahorrando para adquirir el equipo que se exigía llevar. De mi trabajo venía a la pensión a estudiar y como ya había hecho amistad con otros aspirantes, nos reuníamos con frecuencia en las casas de ellos para intercambiar noticias.

15 de junio de 2010

QUE ME HA DADO CARACAS. Las nuevas construcciones y avenidas.

Cuando yo llegué a Caracas en el año 1.947, la ciudad contaba con una población considerable, pero no llegaba al millón de habitantes, pero estaba en pleno auge de expansión y remodelación de áreas. Ya se había construido la Reurbanización El Silencio, obra de envergadura, realizada con todas las limitaciones de la Segunda Guerra Mundial, que ameritó la erradicación de un barrio sórdido compuesto por ranchos y viviendas improvisadas. Igualmente la construcción de los liceos “Fermín Toro” y Andrés Bello”, Aplicación y Luis Espelozín, así como varios Grupos Escolares identificados con los nombres de Repúblicas Latinoamericanas.

Recuerdo que el proceso se inició con la construcción de la Avda. “Andrés Bello”, que va desde la Florida hasta las inmediaciones de San Bernardino. Hubo que demoler viviendas, barrios enteros, construir drenajes, dotar de los servicios esenciales y propiciar la aparición de nuevas Urbanizaciones. Así aparecieron: Guaicaipuro, Las Palmas y Santa Rosa, el Mercado de Guaicaipuro, el Hospital Ortopédico Infantil y otras obras más.

Después vino la construcción de Avda. San Martín, que motivó la demolición de ranchos y antiguas viviendas que presentaban graves deficiencias. Dieron paso a la Maternidad Concepción Palacios, los Edificios del Banco Obrero, la Plaza Gervasio Artigas y desarrollos diversos y vino a comunicar a Caracas con las Urbanizaciones aledañas de Bella Vista y Artigas, Vista Alegre y El Atlántico. La Avenida Nueva Granada, unió Puente Hierro y el Cementerio con Los Rosales, la Avda. Victoria, la Avda. Roosevelt, Los Chaguaramos y Santa Mónica. Igualmente estaba en construcción, la Avda. España en Catia, la Avda. Sucre, también en Catia, la Intercomunal de El Valle, la Avda. Intercomunal de Antimano, la Avda. Fuerzas Armadas, la Avda. O! Higgins o La Paz, La Cota Mil, la Cota Novecientos Cinco y otras vías imprescindibles para el desarrollo de la ciudad. La Avda. Urdaneta, en el Centro de Caracas, se prolonga desde el Palacio de Miraflores hasta la entrada de la Urbanización San Bernardino. La construcción de esta vía afectó una cantidad de inmuebles antiguos del Casco Colonial de Caracas. Se salvaron muchos, tales como la Casa del Correo, la Escuela de Música, la Iglesia de Santa Capilla, el Banco Central, el Edificio Karam y muchos más, pero, lamentablemente, sucumbieron bajo la picota, casas que eran reminiscencia del pasado colonial de Caracas, tales como el Colegio Chávez y otras.

En muy poco tiempo la población alcanzó el millón de habitantes y se hizo un acto en la Plaza Diego Ibarra, celebrando ese acontecimiento. El crecimiento de Caracas fue vertiginoso. La inmigración interna como la externa atrajo una enorme cantidad de personas, las nuevas construcciones emergían por doquier, se demolían casas antiguas, se acabaron rápidamente las famosas “casas de vecindad”, las viejas construcciones y las casas ruinosas de los aledaños. Las familias de clase alta y de buenos ingresos, fueron emigrando a Urbanizaciones lujosas como El Paraíso, la Florida La Castellana, Country Club, la Floresta y los integrantes la clase media alta se mudaron a las Urbanizaciones emergentes de San Bernardino, el Conde, las Acacias, la prestigiosa Altamira, los Chaguaramas, Santa Mónica, los Palos Grandes, Vista Alegre, Prados del Este, la Trinidad, Las Fuentes, los Rosales, el Prado de María, Los Dos Caminos, la Avenida Victoria, El Pinar, Santa Eduvigis, los Caobos y numerosos Edificios diseminados por toda la ciudad.

La ciudad bullía de actividad, cada día aumentaba su población, la oferta de trabajo crecía en forma desmedida, aumentaba el nivel de vida de la gente, mejoraba la calidad de la alimentación, la salud, la educación y el vestido, pero un gran porcentaje de los habitantes de Caracas no podía gozar de los beneficios que le ofrecía la ciudad emergente, muy especialmente en materia de vivienda y se veían obligados a recurrir a la ocupación de los espacios vacíos en las zonas aledañas, creando así núcleos de población marginal, carentes de todos los servicios y propiciando su crecimiento en forma desmedida. El primero de esos Barrios fue el 18 de Octubre, que ocupó todo el cerro de Los Flores de Catia y vino a unirse con la Cañada de la Iglesia, Monte Piedad y el Observatorio.

Hacia el Oeste se desarrolló una cadena de viviendas improvisadas o ranchos, que se extendían desde Gramoven hasta Pro Patria, ocupando desde el piedemonte hasta cerro arriba que se fueron densificando hasta formar un abigarrado conjunto de ranchos que carecen de servicios de agua, cloacas, calles, aseo urbano y otros servicios esenciales.

Igualmente se extendieron estos barrios a los cerros de El Atlántico, el Valle, Artigas, Gramovén, Carretera Caracas-La Guaira, Los Flores de Catia, Cútira, Altavista, Lídice, Agua Salud, Las Mallas y un sin número de Barrios más, incluyendo entre ellos a las decenas de aglomeraciones de personas que invadieron las áreas de terrenos de Petare.

El crecimiento de estos barrios no se ha detenido nunca y con ello se han fomentado los vicios, carencias, deficiencias y problemas que sería largo de enumerar y desglosar en un aparte.

11 de junio de 2010

QUE ME HA DADO CARACAS-El Casco Central II

La cuadra de Monjas a Principal, paralela a la Plaza Bolívar contaba con el Edificio Rialto, donde existía el cine del mismo nombre y el Edificio de la Cancillería, famoso por haber servido de cárcel, hospital y lugar desde cuya ventana se arrojó el Presidente Cipriano Castro a raíz de un temblor.

En la esquina funcionaba el Cine Principal, especializado en la presentación, en vivo y en películas, de artistas mexicanos, siendo de destacar: Jorge Negrete, Tito Guizar, Tony Aguilar, Pedro Infante y muchos más.

El terreno donde está la Plaza Bolívar, fue utilizado, después de la fundación de la ciudad, como Plaza Mayor y posteriormente, como Mercado, remodelado muchas veces y en la última de ellas fueron construidas unas arcadas con pretensión de obra de arte. Este Mercado duró muchos años, hasta cuando se decidió destinarlo para Plaza Bolívar, para darle lustre al héroe. Previamente se construyó el Mercado de San Jacinto, un recinto muy concurrido, que contaba con un buen abastecimiento de productos de la alimentación diaria.

Igualmente en la manzana delimitada por las esquinas de San Francisco, Monjas, Bolsa y Padre Sierra existía un convento de monjas carmelitas, que fue demolido para construir en su lugar el Capitolio Federal, que ya existía en la fecha de mi llegada y que fue escenario de las festividades de la toma de posesión del Presidente Rómulo Gallegos, quien había sido electo en unas consultas populares realizadas el año 1.947. Yo, como habitante de Caracas, no podía perder la oportunidad de ver cerca un acontecimiento como ese y muy temprano fui a ubicarme en la acera de Bolsa a Padre Sierra, donde colocaron en toda la orilla, obstáculos para contener al público y evitar el acceso al Capitolio, donde estaban presentes las altas autoridades y los representantes de países extranjeros. Cuando habían transcurridos unas 4 horas y el sol empezó a pegar de frente, surgieron los desmayos y caídas. Entre los caídos estaba yo y dos forzudos policías militares me sacaron en vilo y en un vehículo oficial me llevaron al Puesto de Socorro, donde me desperté sobre una camilla y gracias a una pastillita roja que me colocaron bajo la lengua. Esperé un rato y en un descuido del personal, me bajé de la camilla y volví a pie a reclamar mi lugar de observación hasta tanto terminó el acto.

Estos sitios citados a toda prisa y en forma somera constituía el casco de la ciudad y el nervio vital de la misma. Para entonces daba gusto recorrer Caracas a pié, viendo y admirando sus sitios más interesantes, sus paisajes, sus monumentos y reliquias históricas. El tiempo se me hacía corto para recorrer sus calles, sus iglesias, monumentos y sitios recreativos y cada vez me entusiasmaba más con ella y la sentía como mía.

9 de junio de 2010

QUE ME HA DADO CARACAS-El Casco Central I

Inicio mi descripción del Centro de Caracas para Octubre de 1.947, cuando ya me asenté en el trabajo localizado en La Pastora, entre las esquinas de Paraíso a Poleo, y en la habitación de la Pensión Marina ubicada de Pedrera y Marcos Parra. Al salir de la pensión te encontrabas de frente con la famosa Ferretería “Restrepo”, teniendo en la izquierda una Sastrería. En ruta hacia el Este existía una casa colonial con zaguán, donde funcionaba un Consultorio Médico muy concurrido, ya que lo atendía un ginecólogo llamado Alvarenga, quien cobraba barato y era acertado en sus diagnósticos. A continuación estaba un galpón, producto de 3 casas demolidas, donde funcionaba el Diario “El Nacional” desde Agosto de 1.943. Durante horas de la tarde y parte de la noche, ese local bullía con el revuelo de los periodistas y operarios que preparaban la edición del día siguiente y el reparto del Diario a nivel nacional. Recuerdo los nombres de periodistas de fuste, muy conocidos en todo el País. Como eran; Miguel Otero Silva, Abelardo Raidi, el Chato Candela, Guillermo Tell Troconis, Federico Pacheco Soublette, Rafael Pineda, Morrocofin, Franklin Whaite y muchos más Los veía con envidia, ya que siempre tuve aspiraciones de pertenecer a un staff de periodistas de un diario tan importante, con ese dinamismo y tendencia izquierdizante.

En ambos lados de la cuadra existía una variedad de negocios, pequeños y medianos que culminaban con un Bar Restaurant. Al cruzar a la cuadra se empalmaba con una callecita que daba a la Esquina de Mercaderes, donde también se ubicaban pequeños negocios, resaltando el Edificio del Hotel “Guimera”, un establecimiento que vino a suplir en algo al Hotel Majestic, recientemente demolido y al fondo se divisaba las edificaciones de “El Silencio”.

Entre Bolsa y Pedrera se construyó un Cine, llamado El Imperial, también utilizado para espectáculos y allí recuerdo que se presentó un fakir llamado Urbano, que duró 40 días sin ingerir liquido ni alimentos acompañado de una culebra en una caja de vidrio. Al frente había un estacionamiento de vehículos donde alquilaban carros con y sin chofer y además una famosa Sastrería llamada Ramírez, En la esquina funcionaban las oficinas de las empresas: Electricidad de Caracas y Luz Eléctrica de Venezuela, respectivamente. Estaba una ceiba y desde la Avenida Bolívar remataba un túnel.

La cuadra siguiente, estaba formada por la Universidad Central de Venezuela y colindaba con la Iglesia de San Francisco, con la célebre Ceiba del mismo nombre y en toda la manzana del frente se construyó el Capitolio Nacional, donde funcionaban las cámaras legislativas de Diputados y Senadores.

Desde la Esquina de la Bolsa hacia el norte venía la cuadra de los Cines, comenzando con el Cine Continental y luego El Ayacucho. En la Esquina de Padre Sierra, donde se decía que había nacido el Generalísimo Francisco de Miranda, se construyó un Edificio, donde funcionaba entre otras cosas, la Estación de Radio “Continente” que presentaba shows de artístas extranjeros que atraían un numeroso público, ya que era gratuito. En todo este sector y en la cuadra diagonal siguiente existían bastante joyerías y talleres de orfebrería, igualmente funcionaba un cine muy famoso llamado Capitol, el Restaurant Petit Pelayo y en toda la esquina de Las Monjas se encontraba el Edificio La Francia, dedicado íntegramente a la venta de joyas y piedras preciosas. Casi en la esquina de Padre Sierra había un Pasaje identificado como Pasaje Capitolio con numerosos negocios y que remataba en la cuadra siguiente, donde funcionaba el Hotel El Conde.

Entre las esquinas de Gradillas, La Torre, Monjas y Principal, formando una manzana, se encuentra la Plaza Bolívar, eje y centro de la fundación de Caracas, ya que allí se realizó el 25 de Julio de 1.565 el acto protocolar que dio al sitio la conformación de ciudad, de parte de su fundador, Don Diego de Lozada.

7 de junio de 2010

QUE ME HÁ DADO CARACAS Buscando Casa y Trabajo

Continuábamos buscando casa, viendo diferentes ofertas, hasta que Jesús Alemán, un paisano y viejo conocido, nos consiguió una ubicada en Monte Piedad, que satisfizo nuestras aspiraciones, pero que tenía el problema de que estaba ocupada y los dueños pedían un plazo de tres meses para desocupar. Aceptamos la condición, pero yo sabía que mi tía lograría la desocupación en menos tiempo. Firmamos el documento de compra, entregamos la mitad del valor y constituimos una hipoteca especial de primer grado, con vencimiento a un año y uno de prórroga por la otra mitad.

Resuelto parcialmente el problema de vivienda y ya definido que debía esperar un año para mi ingreso a la Escuela Naval, decidí continuar en la Pensión Marina, para lo cual pagué dos meses adelantados y me acomodé en mi habitual dormitorio. Tenía que empezar a hacer diligencias para buscar trabajo y todos los días, bien temprano, me compraba el periódico Ultimas Noticias para revisar las ofertas de empleo y a la semana conseguí una colocación en la “Zapatería Curamichate”, en la esquina del mismo nombre, como cortador y costurero de zapatos para niños. Aunque el sueldo era bueno para entonces, el horario era extenuante y la zona era sucia y abandonada

Encontré una mejor oferta en la Zapatería “Pepito”, localizada entre las esquinas de Gradillas a Sociedad que para mí tenía la ventaja de que en la esquina de Sociedad había varias Academias y yo me había inscrito en la Academia de Dibujo Técnico “Mimó Mena” y simultáneamente en la Academia Espada, donde estudiaba Contabilidad y Auditoría.

Con toda la limitación de ingresos, me sentía bien, salvo en un lapso en que acepté una invitación de mi paisano Rafael “Cristeta” Salazar, quien me invitó a que me abriera por mi cuenta, contratando con él los cortes de su zapatería y recibiendo los trabajos que me llegaran y que el producto de ese trabajo era mío. Que por el dormitorio no me preocupara, ya que el local era grande y podía colgar una hamaca. Como quiera que en esos días había tenido un disgusto con mi tía y la familia, me gustó la proposición y me vine.

La zapatería estaba ubicada entre Esmeralda a Brisas de Gamboa en San José y por allí había de todo: abastos, carnicería, panadería, restaurantes, bares, fruterías y por la calle pasaban diversos vendedores que voceaban sus mercancías. Había un panadero que repartía el pan a domicilio, los periódicos y la leche, que venía en frascos de vidrio con un contenido de medio litro y un litro. No sé porqué, esa leche me parecía más sabrosa.

Como las familias no tenían carro, el medio de transporte era el autobús. Por cuya causa el tránsito era fluido. Las diligencias cercanas se hacían a pié y si acaso algo molestaba al caminante era los chaparrones de agua que caían de manera imprevista y copiosa.

El asunto empezó a marchar de maravilla. Diariamente me quedaban mis Bs. 20.oo ó 30.oo y almorzaba en un Restaurant de Portugueses llamado Coimbra, donde se almorzaba bien con 4 o 5.oo bolívares y cuando no tenía plata, comía de fiado, dejándole como garantía, mi titulo de manejar, que era la única propiedad que tenía. Menos mal que siempre pagaba y recuperaba mi documento.

En el local de zapatería trabajábamos en el día y en la noche, cada quien quedaba en libertad para hacer diligencias personales. Yo me iba a la Academia de Dibujo y a la Escuela de Contabilidad del Profesor Espada. Para eso me trasladaba usando el autobús o si había tiempo me iba a pié. El trabajo de zapatería en principio fue remunerativo, pero irregular, debido a que dependía de los encargos que me llegaban y a veces escaseaba. En la Plaza de Candelaria estaba en construcción un Edificio propiedad de la Familia París y permanentemente tenía un aviso solicitando obreros y un día que pasé por allí y estaba escaso de dinero y que ya estaba descontento del trabajo, me acerqué a la Oficina de Administración para recabar información sobre la obra, la remuneración y el horario de trabajo. Me entrevistó un señor que posteriormente fue mi amigo, de nombre Américo Segovia, con quien me puse de acuerdo para el ingreso el día siguiente. Me fue muy bien en esa actividad, ya que debía ayudar al Sr, Segovia en la elaboración de nómina y reportes al Gobierno sobre la aplicación de la nueva Ley del Seguro Social Obligatorio. Como a los dos meses vi un aviso en el Diario “Ultimas Noticias” donde solicitaban un costurero en la Fábrica de Carteras Princesa. Asistí al aviso y me dieron el empleo, con sueldo de Bs. 11.oo diarios, lo cual me permitió mudarme de nuevo a la Pensión Marina, donde gozaba del aprecio de los dueños y los empleados. Me volvió la confianza, la fábrica quedaba cerca, tenía asegurada la alimentación, el trabajo era fácil, me vinculé rápidamente con el personal, que llegaba a 60 personas, comencé a asistir a reuniones y fiestas particulares que con frecuencia organizaban las muchachas que cumplían años o tenían cualquier motivo para celebrar.

4 de junio de 2010

QUE ME HÁ DADO CARACAS Entrega de documentos

Regresé a mi pensión para almorzar y prepararme para llevar mis documentos a la Comandancia de la Marina, que estaba ubicada en el primer piso del Bloque No. 3 de El Silencio, en la entrada de Doña Francisquita. Bien temprano me fui a la Comandancia y tuve que esperar un rato y luego me pasaron a la oficina de un Oficial, quien revisó los papeles y me dijo que me faltaban varios documentos y que debía apurarme porque quedaban muy pocos días para cerrar la inscripción.
Inmediatamente escribí a Río Caribe para solicitar los documentos que me faltaban y buscar aquí en Caracas los recaudos que podía lograr. Conseguí muchos de ellos, pero no todos y entre tanto iban pasando los días hasta que se venció el plazo y el mismo Oficial de la Comandancia, en una de mis visitas me dijo que era mejor esperar el siguiente año y que fuera recopilando todos los documentos y equipos que debía aportar en el ingreso.
Seguí recorriendo los alrededores de la Pensión donde estaba alojado. En mi incursión anterior llegué hasta la Esquina de Solís, donde me detuve un rato viendo el movimiento de la Panadería Solís y de los negocios instalados en sus alrededores. Me dirigí hasta la esquina siguiente en la vía hacia la Plaza Bolívar y que era identificada como Esquina de Muñoz. Pasé por el Diario La Esfera y llegué hasta el final de la cuadra, donde funcionaba un negocio de Heladería llamado Alaska y a mitad de cuadra había un Bar y Restaurant identificado como Bar Muñoz, donde todas las noches se reunían grupos de jugadores de dominó que gozaban de la fama de ser los mejores de toda Caracas y me gustó acercarme allí para ver los juegos y las discusiones entre los jugadores.
En la esquina de Muñoz crucé a la derecha para no alejarme mucho de la pensión. Como es normal, en ese tramo de vía, habían bastantes negocios de diferentes tamaños y al final de la cuadra estaban: la Farmacia Muñoz, el Bar Pedrera, un Abasto grande y en la esquina transversal estaba instalado un negocio de Fotografía llamado Sol y Sombra, donde en la semana acudía un público normal, pero los domingos en la mañana se llenaba con los niños y sus familiares que tomaban la Primera Comunión o recibían el Bautismo.
Una vez resuelto este asunto y mi resignación a la espera, fui a buscar a mi tía Paela para iniciar los trámites de compra de una casa para alojarnos todos, incluyendo a mi hermana Juanita, que salía graduada de la Escuela Nacional de Enfermeras. Ella me informó las diligencias que estaba haciendo por intermedio de nuestro paisano Jesús Alemán, quien estaba trabajando provisionalmente en el negocio inmobiliario. Ella estaba viviendo mientras tanto en una habitación alquilada a Luisa Carmen Martínez en Los Flores de Catia. Le entregué los Bs. 5.000.oo que traje de Caripito y al informarle que estaba alojado en una pensión, fue de opinión que nos mudáramos todos a la habitación y ahorráramos el pago de la pensión. Estuvimos así unas tres semanas, revisando El Universal y Ultimas Noticias para ver si salía alguna casa. En ese ínterin salió un aviso de un señor que solicitaba a una familia o una señora para que le cuidara la casa y especialmente una jauría de 4 perros y una cuerda de gallos de pelea, ya que él debía de salir muy temprano para abrir una carnicería que tenía en el Este. Paela se entrevistó con el señor y nos aceptó en la casa, donde teníamos la comida segura y un alojamiento sin pago alguno.